El misterio de la Redención:
Durante tres años Jesús anunció el Reino con hechos y palabras íntimamente unidas. Pero la culminación de su misión en la tierra era su propia muerte y resurrección. La obra completa de nuestra salvación debía efectuarse con la entrega de Jesús. En la muerte de Cristo se encuentra la razón de ser de su venida al mundo.
Si bien los jefes religiosos judíos, unidos al gobernador Poncio Pilato, condenaron injustamente a Jesús… en el fondo la causa de la muerte de Jesús se encuentra en los pecados de TODA LA HUMANIDAD. Es por eso que nos referimos a los dos niveles en que podemos leer este suceso: uno en donde los culpables son aquellos que no lo aceptaron y lo condenaron. Pero también nosotros, hoy en día, hacemos lo mismo que ellos: NO ACEPTAR A JESÚS, y le seguimos dando muerte, seguimos no aceptándolo.
Para reparar tal ofensa que la humanidad le hace a Dios hacía falta una entrega perfecta, y solamente alguien que fuera Dios y Hombre a la vez podía llevar a cabo esa total reparación:
Ø Como verdadero hombre: Jesús sufrió y murió en nombre de todos los seres humanos. Como respuesta a la rebeldía que significa el pecado, Jesús le ofreció a Dios un sacrificio de perfecta obediencia hasta la muerte.
Ø Como Dios verdadero: Jesús nos trae el perdón del Padre y demuestra que el pecado y la muerte no son superiores a Él. De esta manera nos devuelve la Gracia, que es el don que nos hace hijos adoptivos de Dios y merecedores del Reino
Los sufrimientos de Jesús y el dolor humano:
El ejemplo de Jesús crucificado, dolorido, sufriente, debe ser un impulso para aprender a sobrellevar los dolores de cada día, las “cruces” o “mochilas” de nuestra vida diaria. Soportar esos dolores es una manera de unirnos a la entrega de Jesús: LC 9, 23
Jesús cumplió con la voluntad de su Padre, y un padre nunca defraudaría a sus hijos: tras el sufrimiento siempre nos espera la alegría de la resurrección.
La realidad del sufrimiento humano nos golpea permanentemente: accidentes, enfermedades, muerte, pobreza (pan, techo, abrigo), desocupación. Esta realidad nos abre una nueva posibilidad: la de tener un amor solidario para quien sufre. El cristiano no puede ser insensible al sufrimiento del prójimo porque Cristo no lo fue, y Él mismo se mostró sufriente y desvalido en la Cruz. Aquel que sufre busca evitarle al otro el sufrimiento. Esto lo vemos en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los Padres de Cromañón (más allá de sus marcadas debilidades), que desde su dolor les ha surgido la caridad humana para evitarles a los demás que lo padecieran nuevamente.
Jesús murió en la Cruz:
La muerte de jesús fue verdadera, su cuerpo se separó de su alma. Murió al igual que muere cualquier ser humano. Y luego fue sepultado.
¿A dónde fue su alma? San Pablo nos dice que “descendió a las regiones inferiores de la tierra”. Para la Biblia el infierno es donde están todos los muertos que por el pecado original no pueden acceder al Reino. Jesús descendió y fue allí para anunciar la salvación a todas las almas que allí esperaban alguien que los lleve al Reino. 1Pedro 4, 6
Este descenso de Jesús al sitio de los muertos es la culminación de su misión salvadora: llevar la liberación a todos los hombres, de todos los tiempos y de todos los lugares.
La resurrección de Jesús:
Pero la misión de Jesús no termina con su muerte, no hay muerte sin resurrección. De haber quedado en la muerte hubiera sido un fracaso.
Su resurrección es un hecho extraordinario, inédito, único en la historia. Es un misterio, y también un hecho histórico (aconteció realmente y tuvo testigos). Si bien nadie presenció el momento exacto de la resurrección, hubo pruebas inmediatas e irrefutables:
1. las mujeres y apóstoles descubren el sepulcro vacío: LC 24, 3; LC 2, 12; Jn 20, 6)
2. Apariciones de Jesús resucitado:
a. A María magdalena y otras mujeres (MC 16, 1;LC 24, 1)
b. A pedro y los otros (1cor 15, 3; LC 24, 13-49)
c. A quinientas personas más (1cor 15, 6)
Características del cuerpo de Jesús resucitado:
¿Era un fantasma? Eso creían los apóstoles, por eso Jesús en cada aparición trata de demostrarles que es Él mismo, con su propio cuerpo y alma quien resucitó. Por eso:
1. los toca (LC 24, 39; jn 20, 27)
2. come con ellos (LC 24, 30.42; jn 21, 9.13-15)
3. les muestra las huellas de su pasión y muerte (LC 20; jn 20, 20-27)
Pero si bien se trata de un cuerpo real, sin embargo no es exactamente el mismo que antes de la resurrección. Es un cuerpo resucitado, glorioso. Ya no tiene límite de tiempo y espacio, puede aparecer cuando y donde quiere: MT 28, 9-17; LC 24, 15-36; jn 20, 14-19.26; jn 21, 4
Por eso la resurrección de Jesús no es un simple “volver a la vida”, sino que es nacer a otra vida mejor a la cual ya no afectará jamás la muerte.
sábado, 8 de noviembre de 2008
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